El 95% de las señoritas de mi edad, tiene novio.
No, no dije que fueran felices. Ni que gozaran de un sexo decente. Ni siquiera que se divirtieran.
Pero las estadísticas son estadísticas al fin y al cabo, y pensando en mi vida últimamente, mi P es < 0.00001 para confirmar mi total incapacidad sentimento-social.
Una nació pa' loser.
El tema es bancárselo, es pasarla lo mejor posible. Es reivindicarse en las cosas que no tienen más remedio y empezar a quererlas.
Y probemos con eso, qué puedo decir a esta altura? Tamiflú para perdedoras, no inventaron todavia
jueves 16 de julio de 2009
miércoles 8 de julio de 2009
Mea culpa
Si, señores.
Voy a hacer lo que tanto temieron mis colegas que hiciéramos un dia.
Perdón.
A la gente, por no cuidarla. Por no alarmarla a tiempo.
A la ciencia, por no entender cuán impredecible son los vericuetos biológicos con los que luchamos todos los días.
A mis colegas, por la soberbia de no respetar las opiniones de los que más sabían.
Algún día aprenderemos de ésto, no? Yo sé que sí, que así avanza la ciencia, la evolución y la supervivencia de los más aptos.
Pero mierda..... qué difícil es ver niños morirse sin poder hacer nada!
Voy a hacer lo que tanto temieron mis colegas que hiciéramos un dia.
Perdón.
A la gente, por no cuidarla. Por no alarmarla a tiempo.
A la ciencia, por no entender cuán impredecible son los vericuetos biológicos con los que luchamos todos los días.
A mis colegas, por la soberbia de no respetar las opiniones de los que más sabían.
Algún día aprenderemos de ésto, no? Yo sé que sí, que así avanza la ciencia, la evolución y la supervivencia de los más aptos.
Pero mierda..... qué difícil es ver niños morirse sin poder hacer nada!
sábado 4 de julio de 2009
Ya sé que no estoy para estas cosas.
Pero
.
.
.
ojalá pudieras quererme,
que no te das una idea las cosas de las que nos curaríamos si nos despertáramos con los beatles, un sol y unos alfajores cordobeses mas seguido.
Pero
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ojalá pudieras quererme,
que no te das una idea las cosas de las que nos curaríamos si nos despertáramos con los beatles, un sol y unos alfajores cordobeses mas seguido.
jueves 2 de julio de 2009
Pero Cottard no sonreía.
Quería saber si podía esperar que la peste no
cambiase nada en la ciudad y que todo recomenzase como antes, es
decir, como si no hubiera pasado nada. Tarrou creía que la peste
cambiaría y no cambiaría la ciudad, que sin duda, el más firme deseo de
nuestros ciudadanos era y sería siempre el de hacer como si no hubiera
cambiado nada, y que, por lo tanto, nada cambiaría en un sentido, pero,
en otro, no todo se puede olvidar, ni aun teniendo la voluntad necesaria,
y la peste dejaría huellas, por lo menos en los corazones. Cottard
declaró abiertamente que a él no le interesaba el corazón, que el
corazón era la última de sus preocupaciones. Lo que le interesaba era
saber si la organización misma sería transformada, si, por ejemplo,
todos los servicios funcionarían como en el pasado. Y Tarrou tuvo que
reconocer que no lo sabía. Según él era cosa de pensar que a todos
esos servicios perturbados durante la epidemia les costaría un poco de
trabajo volver a levar anclas. Se podía suponer también que se
plantearían muchos problemas nuevos, que harían necesaria una
reorganización de los antiguos servicios.
-¡Ah! -dijo Cottard-, eso es posible, en efecto, todo el mundo tendrá que
recomenzar todo.
Los dos paseantes habían llegado cerca de la casa de Cottard. Éste se
había animado mucho, esforzándose en el optimismo. Imaginaba la
ciudad rehaciendo su vida, borrando su pasado hasta partir de cero.
-Bueno -dijo Tarrou-. Después de todo, puede que las cosas se arreglen
para usted también. En cierto modo, es una vida nueva la que va a
empezar.
Quería saber si podía esperar que la peste no
cambiase nada en la ciudad y que todo recomenzase como antes, es
decir, como si no hubiera pasado nada. Tarrou creía que la peste
cambiaría y no cambiaría la ciudad, que sin duda, el más firme deseo de
nuestros ciudadanos era y sería siempre el de hacer como si no hubiera
cambiado nada, y que, por lo tanto, nada cambiaría en un sentido, pero,
en otro, no todo se puede olvidar, ni aun teniendo la voluntad necesaria,
y la peste dejaría huellas, por lo menos en los corazones. Cottard
declaró abiertamente que a él no le interesaba el corazón, que el
corazón era la última de sus preocupaciones. Lo que le interesaba era
saber si la organización misma sería transformada, si, por ejemplo,
todos los servicios funcionarían como en el pasado. Y Tarrou tuvo que
reconocer que no lo sabía. Según él era cosa de pensar que a todos
esos servicios perturbados durante la epidemia les costaría un poco de
trabajo volver a levar anclas. Se podía suponer también que se
plantearían muchos problemas nuevos, que harían necesaria una
reorganización de los antiguos servicios.
-¡Ah! -dijo Cottard-, eso es posible, en efecto, todo el mundo tendrá que
recomenzar todo.
Los dos paseantes habían llegado cerca de la casa de Cottard. Éste se
había animado mucho, esforzándose en el optimismo. Imaginaba la
ciudad rehaciendo su vida, borrando su pasado hasta partir de cero.
-Bueno -dijo Tarrou-. Después de todo, puede que las cosas se arreglen
para usted también. En cierto modo, es una vida nueva la que va a
empezar.
domingo 28 de junio de 2009
podrán creer? no bastó diluir la sangre en ojos celestes y pieles claras, que me hagan parecer sosegada y coherente.
me quema la piel
la sangre
y el alma
jueves 25 de junio de 2009
Sobre soledades
Hace unos años cuatro chicos de pelo raro se preguntaban quién era Eleanor Rigby y dónde terminaban todos los solitarios del mundo. Aquí, hoy, desde una máquina con conexión de banda ancha algo parece tomar forma de respuesta.
Aquí están los solitarios y las solitarias; aquí donde los campos huelen a fresas virtuales y no es necesario inyectarse nada para ser otro, simplemente simularlo.
El anonimato de las grandes ciudades traslocado a todo el mundo, en simultáneo: la metrópolis extendida. La quimera de ser alguien distinto todos los días, de olvidar las cosas y las gentes. Y empezar de cero.
Claro, los índices de suicidio bajarán notablemente. También el amor, los matrimonios y los cafés. Las emociones son más diluíbles, mas sutiles. Las pantallas no lloran, y los del otro lado siempre son los malos. Nuestros propios fantasmas huyen al sonido de los teclados, cómo no habrían de hacerlo si es nuestro yo más ideal el que escribe? Los otros yo, los menos perfectos, los más impredecibles, los más inestables, los más incoherentes son los que nos enfrentan en los espejos de las mañanas, en las verdulerías, en los subtes y en la calle. Los que molestan. Los que preguntan, reflexionan, sufren.
Es más fácil olvidar, que reconocer. Tragarse los dolores, aprender de lo hecho y lo no hecho, desilusionarse y crecer. Si uno pudiera elegir, eligiría no lastimarse nunca. Y nunca lastimar a nadie.
Pero fuimos diseñados para crecer, para todo el resto de las cosas. Creados para vivir, no para navegar. Para pintar con los dedos, no para los fotologs. Para el sexo, no para la pornografía. Para los demás y por los demás. Todo nuestro cuerpo, hasta la última minúscula célula de tus receptores nerviosos en el fondo de la retina sirve pura y exclusivamente para mirar a otro ser humano.
Ser un solitario en simultáneo no es dejar de estar solo.
Aquí están los solitarios y las solitarias; aquí donde los campos huelen a fresas virtuales y no es necesario inyectarse nada para ser otro, simplemente simularlo.
El anonimato de las grandes ciudades traslocado a todo el mundo, en simultáneo: la metrópolis extendida. La quimera de ser alguien distinto todos los días, de olvidar las cosas y las gentes. Y empezar de cero.
Claro, los índices de suicidio bajarán notablemente. También el amor, los matrimonios y los cafés. Las emociones son más diluíbles, mas sutiles. Las pantallas no lloran, y los del otro lado siempre son los malos. Nuestros propios fantasmas huyen al sonido de los teclados, cómo no habrían de hacerlo si es nuestro yo más ideal el que escribe? Los otros yo, los menos perfectos, los más impredecibles, los más inestables, los más incoherentes son los que nos enfrentan en los espejos de las mañanas, en las verdulerías, en los subtes y en la calle. Los que molestan. Los que preguntan, reflexionan, sufren.
Es más fácil olvidar, que reconocer. Tragarse los dolores, aprender de lo hecho y lo no hecho, desilusionarse y crecer. Si uno pudiera elegir, eligiría no lastimarse nunca. Y nunca lastimar a nadie.
Pero fuimos diseñados para crecer, para todo el resto de las cosas. Creados para vivir, no para navegar. Para pintar con los dedos, no para los fotologs. Para el sexo, no para la pornografía. Para los demás y por los demás. Todo nuestro cuerpo, hasta la última minúscula célula de tus receptores nerviosos en el fondo de la retina sirve pura y exclusivamente para mirar a otro ser humano.
Ser un solitario en simultáneo no es dejar de estar solo.
domingo 24 de mayo de 2009
por qué odio a los hombres.com
Como encaro una etapa fenix, nuevamente, he vuelto a reflexionar sobre cuestiones recurrentes, y hoy llegué a una nueva conclusion.
Que despues de contorsionarme intentado depilar mis partes íntimas (sumele falta de tiempo y/o dinero), sintiendo los tirones de la impiadosa cera caliente y mistrapecios que viven contracturados; pensé en todas las veces anteriores que lo había hecho y lo muy injusto que es que el hombre que lo disfrute se excuse queriendo ser mi amigo.
Si me avisaras eso sufriría menos, hijo é perra.
De todos los lados posibles.
Que despues de contorsionarme intentado depilar mis partes íntimas (sumele falta de tiempo y/o dinero), sintiendo los tirones de la impiadosa cera caliente y mistrapecios que viven contracturados; pensé en todas las veces anteriores que lo había hecho y lo muy injusto que es que el hombre que lo disfrute se excuse queriendo ser mi amigo.
Si me avisaras eso sufriría menos, hijo é perra.
De todos los lados posibles.
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