miércoles, 6 de mayo de 2009

viernes, 1 de mayo de 2009

Era otoño, pero el clima parecía haberse estancado en un verano que perduraba a pesar del calendario, de los marzos y los abriles sucedáneos.

Era otoño. Pero no parecía otoño el día que conocí al segundo Ulises.

Siempre me pregunté, cuando recordaba ese momento, cuál de los dos había llegado primero, si él o las hojas secas. Y luego de mucho lirismo y muchas reevocaciones, supongo que llegaron en estéreo, y en estéreo fueron cayendo todo lo que quedaba de abril y de mayo del 98.
1998 fue un año epicrítico para todos, aunque nosotros éramos jóvenes y nos quedaba muy corta la capacidad de análisis, pero comenzaba el desbarranco de la vida pseudoprimermundista del primer gobierno de Menem, y nos sentíamos a mitad de camino entre la necesidad de seguir consumiéndolo todo como langostas, y detenernos a lamernos el vacío que nos dejaba tanto made in taiwan, tanta remera de los L.A. Lakers.
El primer Ulises usaba un saco negro de paño que lo hacía parecerse a algún personaje Charles Dickens, llegándole a los tobillos, algo holgado y descubriendo una cabeza rapada al ras, con un gorro, también negro. Yo siempre pensé que tenía ojos que hacían juego.

El segundo, el del otoño cálido, vestía camisas claras y tenía los ojos celestes. No recuerdo la voz del primer Ulises, si sonaba igual a la de éste, el de tres años después; así que podríamos suponer que era la misma, que eso no había cambiado.
El resto sí. Éste no era el personaje lleno de niebla y escapado de Londres que me gustaba seguir tres cuadras detrás hasta que se tomaba el micro, y que dejaba al doblar las dos cuadras a la derecha que me separaban de mi departamento.
Éste era un hombre seguro. Con una voz que no temblaba, aunque yo sabía que jugaba a seducir a una mujer que le costaba subestimar.

Nos encontramos en la calle, bajo la primer lluvia de hojas que nos cayó encima. Teníamos los ojos del mismo color, y acabábamos de darnos cuenta: él no me recordaba y yo sólo ví al primer Ulises un par de veces. Y era encontrarnos por primera vez, pero ya no éramos los dos apelmazados sacos de miedos de tres años atrás, pero como con las seguridades vienen las nuevas responsabilidades… Él ostentaba novia, y yo necesitaba trabajo.
¿Qué hubiera pasado si no? ¿Qué hubiera sido de nosotros tomando café en esa misma guardia, yendo al cine, comiendo comida árabe, hablando de política y escuchando a Astor Piazzolla?
No sé. No supimos.
Se nos limitó al asombro mutuo ese instante, a un par de respiraciones más profundas entre la lectura de historias clínicas y las entrevistas con los pacientes. Dos estatuas de mármol con nombre griego, académicamente autosatisfechas, que se guiñaban un ojo de vez en cuando.
Yo tuve brevemente la certeza que miraba el pañuelo azul de mi cuello preguntándose que habría detrás, y él supo que yo insinuaba que estaba hecho para sacarse.
Cuándo nos despedimos, en términos formales de camaradería típica entre colegas, los dos sonreímos, nos sentimos cómplices y nos agradecimos sin decirlo, lo mucho que necesitábamos que nos miraran el cuello, preguntándose qué sabor escondía.

lunes, 13 de abril de 2009

miércoles, 8 de abril de 2009

Pero vos...
Vos...
Vos tenés demasiada vida para preocuparte tanto por los flacos, che.








(textual)

jueves, 2 de abril de 2009

Una piensa en una.
En el resto del mundo que no te mira con ganas de tocarte la cola, los que sí lo hacen pero no nos alcanza, los que no queremos querer y muchas noveladas más.
Y piensa en el vacio existencial y el stress y las bandas de música y las calorías y el trabajo y la carrera.
Y en una.
Y las ideas? Las ideas qué?
Me pregunto hace cuánto que alguien no me pregunta sobre mis ideas sin un intento por definirme y decidir si me da un beso o no. Cuánto que nadie me deja opinar para poder discutir, como si fuera un día de gimnasio mental lleno de abdominales sociales y flexiones filosóficas.
Cuánto hace que decidí que era más importante frustrarme porque no me llaman un fin de semana que buscar con quién hablar de lo que pasa fuera de nosotros mismos. O cuándo simplemente dejé que pasara sin oponer resistencia.
Estoy tan acostumbrada a poder pensar lo que quiero (y que sea tan gratis), que he caído en la demagogia interna de usarlo como un arma de histeriqueo y seducción olvidada.
Las ideas no existen para conquistar, son como la música; un alado dispositivo interno para regalarnos libertad.

sábado, 28 de marzo de 2009

mañana vos y yo nos encontramos de nuevo.
ya fuimos hasta donde no debíamos, pero retrocedimos a tiempo.
supimos resolverlo como hacemos siempre: metiéndonos dentro de la espiral universal.
que no sé si será bueno o será malo pero es muy mío.
como todo lo otro.
yo no quiero ser perfecta, no nos lo bancaríamos ni un segundo. tampoco quiero buscarme en las frases de otros, aceptarme en los ojos de desconocidos. ya sabemos de cuán ferpectos está hecho el mundo de los otros, y cuan ferpectas pretenden que seamos.
no somos.
soy yo.
llena de dispersos detalles de imperfección aropmatizados que forman un conjunto que no termina dándole forma a nada concreto, pero que serpentea con una cadencia bastante atractiva.

buscando encastrar, no ser admirada, ni compadecida, ni miniteada.
sólo encastrar.

yo y mis bolsillos de juguetes. yo y mis toneladas de fotocopias. yo y mi risa de salvataje. yo y mi pelo enruladito. yo y mis colores. mis árboles. mi río.
mañana nos volvemos a encontrar, nos volvemos a mirar en el centro de los caminos y nos guiñaremos un ojo celeste empalagoso de magia, prometiéndonos hacer toda la fuerza necesaria para no volver a pedir opiniones al respecto.

miércoles, 25 de marzo de 2009

eureka


aca lo que falta, es belleza sres.
pura, simple, perfumada, intrincada y aterciopelada
be.lle.za